13 noviembre 2008

Nece(si)dad de estar bien informados

I.
Estar bien informado parecía ser la elección con la cual dejar la infancia, parecía ser uno de los sinónimos de madurez, parecía ser un encuentro anhelado con el criterio propio, con la identidad, con la inteligencia. Entonces hubo un cúmulo de opciones mediáticas a elegir, todas de acuerdo a un perfil: dependiendo el perfil con el que te identificaras, ese sería el periódico, la revista, la estación de radio, el canal de televisión, la página de internet que consumirías (en México ya sabemos quiénes son los diferentes consumidores de Excélsior, La Jornada, Crónica, Milenio, La Prensa, Proceso, Letras Libres, Imagen 90.5, Reactor 105.7, los noticieros de televisión, Reporte Índigo, etc.)

Luego habría el debate público, la confrontación de ideas políticas con amigos y familiares, la defensa de lo que creemos verdadero (que la verdad sea distinta en cada quien, es una de las principales leyes del caos), la identificación con ciertos periodistas, intelectuales y figuras públicas, el rechazo a otros, la construcción mental de una sociedad a base de buenos y malos, patriotas y antipatriotas, justos e injustos en la que políticos, empresarios, jerarcas de Iglesias, árbitros de fútbol, etc. se vuelven las figuras susceptibles de odio por excelencia.

Esto era lo correcto si querías ser un adulto, sólo que a final de cuentas la mayoría de los adultos que conozco conforman más bien una sociedad que no sabe elegir ya que elegir significaría formarse un criterio de acuerdo a ese vital, filosófico y espiritual mecanismo de transformar toda información en conocimiento, sin embargo lo único que hacemos con nuestra capacidad de elección es más bien elegir con qué medios deseamos ser sedados a base de dosis informativas.

II.
Esto lo digo porque resulta insoportable el exceso de información a lo largo del día a través de los distintos medios de comunicación. Un día normal entre semana para un oficinista u otro tipo de trabajador matutino es más o menos así: levantarse y poner las noticias del radio (varios noticieros comienzan a las 5:45 am), salir en coche o transporte público rumbo al trabajo, hacer una o dos horas hasta llegar a él, seguir escuchando noticias y editoriales durante ese lapso, desayunar mal antes o después de salir de casa, comprar el periódico, ver algún video en internet relacionado con alguna noticia relevante, hablar de lo difícil que está todo en el país con amigos o compañeros de trabajo, regresar a casa y ver al filo de la media noche cualquiera de esos interesantísimos y exageradamente útiles programas de debate o análisis informativo que se dan sobre todo en televisión abierta, dormirse con la felicidad de estar-bien-informado.

Existe absurdamente esta idea de que estar bien informado te da poder como ciudadano, lo cual puede ser cierto sólo que falta entender qué clase de información es la adecuada para crecer como ser humano, para ser feliz, para ser libre. Saber de secuestros, asesinatos, corrupción, crisis económicas, crisis de Estado, conflictos legislativos, etc. no veo que lleve a otro estado mental que no sea la paranoia, el miedo, la angustia.

La libertad de expresión no debiera ser más esa sensación pos-dictadura (toda Latinoamérica vivimos un siglo XX terrible a nivel de gobiernos) de “permiso” de decir lo que queramos, cuando queramos, como queramos. Los tiempos cambiaron y hoy en día ya existe aquella anhelada libertad del siglo pasado, sólo que habría que cuestionar si vale la pena saturar los medios de tanta información alarmante ya que lo único que veo con la sociedad donde vivo es que está muy enganchada al miedo. O mejor aún, si vale la pena como sociedad darle tanta importancia a lo que sucede con las noticias, si en algo ayuda a nuestra creatividad, a nuestra felicidad, a nuestro bienestar creer religiosamente en las noticias, tengamos la óptica que tengamos (neoliberal, izquierdosa u otra).

III.
Este año en México se han generado noticias que inciden en el ánimo social:
-2008 nos ha dejado una discotheque de la capital del país incendiada un viernes por la tarde con varios menores de edad dentro (un siniestro que no debió ocurrir si se hubieran respetado las normas de seguridad básicas y los permisos para operar este tipo de negocios, o sea, corrupción en pleno)
-un par de secuestros famosos que alarmaron a una gran parte de la sociedad (aunque México tenga más de 10 años de historia con respecto a secuestros y asesinatos como el de Fernando Martí (hijo de 14 años de un empresario), de algún modo alguien decidió que éste fuera tan relevante como para que el grueso de la gente volviera a sentir ese miedo a ser secuestrado gracias a la saturación de información en torno a este caso en particular)
-un par de granadas lanzadas en la plaza pública de Morelia durante el festejo del 15 de septiembre que mataron a varios civiles
-una crisis económica mundial (que nomás no la veo a mi alrededor, la gente hace el súper normal y se siguen comprando autos, la gente cambia sus celulares, se sigue consumiendo mucha tecnología, etc.)
-demasiados asesinatos de periodistas, narcos, políticos, civiles, etc. a lo largo del país debido a la llamada “guerra contra la delincuencia” (o algo así)
-y para colmo, un jet de la Secretaría de Gobernación que se cae a la 6 pm en una de las zonas financieras-comerciales-habitacionales más emblemáticas y costosas de la ciudad (incluyendo lo sucedido en la misma zona dos días después: una fuga de gas también a las 6 pm que hace que todo Polanco y zonas aledañas apestaran a gas, además de que el metro dejó de funcionar, la principal avenida estaba bloqueada (Paseo del a Reforma) y la mayoría de los edificios se evacuaron, aunque a final de cuentas se trataba no de gas sino de un componente químico que se le añade al gas para que éste huela)
Todo esto ocurrido en menos de 5 meses. ¿Y qué diantres puede dejar todo ello que no sea una psicosis incontrolable, una sensación de vulnerabilidad, un miedo absoluto?

IV.
Hay una enseñanza dentro de la Kabaláh que habla acerca de lo vacío que es poseer información sin que esta sea transformada en conocimiento. El conocimiento lleva al amor y al perdón, conduce a la libertad y al uso benéfico de la mente, de los pensamientos, no conduce al juicio ni al condenamiento, más bien conduce a la empatía, a la felicidad, a la paz. Ojalá hubiera menos noticieros informativos (simples dadores de datos, de información que cada quien procesa de distintos modos (generalmente negativos) en su interior) y más noticieros de conocimiento, esto sería: saber lo que sucede en el mundo con un enfoque global (no nada más jurídico, económico, social), o sea, incluir otras perspectivas en el acontecer del mundo, una mesa redonda donde politólogos, poetas, metafísicos, periodistas, rabinos, economistas, budistas, científicos, antropólogos, historiadores, etc., dialogaran esas noticias que no sabemos digerir como sociedad, generalmente nos llevan al miedo, y el miedo ya se ha visto lo mucho que afecta colectiva e individualmente: es letal siempre, incomoda, enferma, paraliza. Y me parece que lo elegimos por costumbre o porque no conocemos otra opción, que no hemos podido verla, que no nos la muestra nadie ya que el miedo parece ser un acto inevitable en el desarrollo de cualquier sociedad, pero no tiene porqué seguir siendo así, si esto se repite en la historia debiera ser momento de trascenderlo.

1 comentario:

Solange Pérez M dijo...

Alberto, tienes mucha razon, cuando estamos mas creciditos leemos mas, estamos mas informados, ahora estamos bombardeados con noticias y uno ni tiene espacio para respirar...