17 febrero 2005

Tomás Eloy Martínez

El único centro que no se desplaza es el de la condición humana. Allí donde la especie habla de sus celos, de su sexo, de sus ansias de poder, de sus humillaciones, de sus felicidades y sus crímenes, allí estará siempre el centro. Las migraciones, las dispersiones, la mutación de las lenguas, en todo eso seremos siempre otro. Pero en las pasiones y deseos nos mantendremos fieles siempre a lo que fuimos y a lo que seremos, aunque nuestra voz clame en el desierto, aunque nadie nos oiga. De esa diversidad y también de esa unidad está hecha nuestra memoria.

2 comentarios:

chiocciola exotica dijo...

Chico, cada vez que te leo me haces admirar más la escritura. Te siento más maduro en este momento, y lleno de experiencias adultas que me dejan entrever esa dosis de snobismo que caracteriza nuestras pláticas alrededor de un café.

Anónimo dijo...

best regards, nice info quick divorce