31 mayo 2005
19 mayo 2005
Viejo, no estoy en Los Lobos pero casi. Esta cita busca llegar a vos:
Rubén Bonifaz Nuño, entrevistado por José Ángel Leyva.
14 mayo 2005
Luego vendría la desrayuelización
Y entonces leer viejos escritos como éste (me parece que es un texto que hice para leérselo por teléfono a una chava que me recordaba al personaje de la Maga (lo rescato más por comprender mi escritura desde instancias marchitas que por rendir tributo a alguien del pasado)):
Algún día te regalaré Rayuela. Te leeré, antes, todo lo subrayado que, en gran medida, fue un acercamiento cara a cara contigo. Te haré entender, si de algo sirve, esa punta de cielo que tan lindo se te da y que ni te das cuenta. Te lo explicaré, te lo traduciré aunque probablemente no llegues a entenderlo.
Mientras, queda ésta noche y su obscena memoria. María, me traes el temblor y la calma, la mirada fija de un gato, la madrugada de todas las noches, ahora es todas las noches, y como siempre, tú, desde ese río de mercurio, agitas las manos ahogando mi voz.
Maga, Maga de costa, lo más absurdo es pensar que te encontraré a finales de todo octubre a la vuelta de Lascurain de Retana o en una de esas calles todo limpieza y bombones que tanto te gustan de Coyoacán, como si no fueras la misma en cualquier encuentro y en cualquier final, como si no siguieras aún en el asiento4ventanilla aproximándome un ápice de cielo y por ratos, alguna galleta. Maga María terrible, terrible flaca, somos el fiel de la balanza soportando todos los mundos, tu tacto imposible es mi río patafísico. Somos en la noche de Idumea, el juego de espejos frente a frente, el cristal roto perdido en las fauces de un leopardo.
No me haces falta, y sin embargo, arde todo en derredor, voy perdiendo el cabello y el suelo frío de todo despertador me regresa a la realidad, realidad luces amarillas y encabezados de periódico, realidad Beatriz Berenice, realidad dentífrico.
Arrullada en el atril,
propietaria de octubre,
dadora de vida:
sólo contigo comprendo lo inimaginable,
el escarnio, la duda:
sólo contigo puedo ser a través de ser otro,
mirarme en una rúbrica violeta,
romper el aire como esa mía, tuya, nuestra, falena eterna.
Después regalé todas las ediciones de Rayuela que tenía, busqué otras formas de escritura y bueno, hoy en día extraño ese libro, así que si alguien me lo quiere regalar no me importaría gran cosa.
11 mayo 2005
HERE (HEAR)
Aquí. Todo callado y quieto. Todo resonancia de pétalos volando. Todo aves empastadas y flores dibujándose desde la bocina de la vieja Gradiente, You're driving me crazy (Within the pleasure of your absence). Y un portarretratos. Y una carta inconclusa. Y un cigarrillo. Ventana abierta. Recibos de luz. Televisor desconectado. Mesita al centro. Humo. Siguiente jazz-album.
Aquí. Espacio de unísonos. De unívocos. De tacto en el vacío. Soy yo-viendo las estrellas que no pueden verme. Ansioso de acceder a ti cruzando la viga. Desprovisto de sombras. Without any sense. Meaningless.
Da la impresión que muero apenas te nombro. Ser impronunciable. Ser de la ignominia y de cruenta naturaleza. Primero amor original y luego contrapunto. Fuego con resquicios de tablero infinito. No puedo probarte a pesar de saberte. Mangle seco. Eufonía resonando en la memoria del aire. Aquí: una especie de nostalgia divina, sin imagen alguna de por medio.
Te deseo. Sí. Pero no inutilmente. No en seda y transaprencia. No en humedad ni tierra negra. Te deseo dentro. Ni desde ni hacia sino entre. Más allá de Minerva. De la gran Ella -it's a new kind of love at first sight-. Del blues sin tiempos de la noche sexual. Nada. Simplemente haciendo al aquí allá-todo-reticente-y-en-movimiento. De frente a mí. Gato. Con un lenguaje jamás pronunciado y que apenas lo hagamos nos mate. Nos expulse del allá-paraíso. Haya. Aya. Halla. Para reir como estúpidos. Para entender y abrazarnos frente al estanque de los flamencos. Buscarnos entre las plantas del jardín de la Sra. Viterbo. Besos con risas. Sorprendiéndonos el sueño en el sofá ya de madrugada. Y Ella-
10 mayo 2005
suave patria, la del brío de la noche
sin horizonte alguno,
al horizonte se lo tragó un maullido
o un susurro, suave patria la del cómo nocturno.
Ahora, suceda lo que suceda
será aquello que pasa bajo el consentimiento de la noche,
pasa y no,
sucede y no,
seduce.
En el encuentro con el olvido
la noche forma el poema del recuerdo.
(DAR CLICK AQUÍ: http://kinestesia.blogspot.com/2005/05/aqu-es-ese-otro-lugar-sin-geometras-ni.html)
08 mayo 2005
A los guanajuatenses
Hago énfasis en que esto no sólo es un recuerdo sino también un recuento de hechos. Salí por la tarde de la Ciudad de México y llegué a Guanajuato de noche. No había viajado gran cosa en mi vida hasta ese momento, por lo tanto, conservaba aún esas formas de ver de un niño. Hasta la seca y monótona carretera después de Querétaro me maravilló. Ni qué decir al llegar a la central de autobuses para de ahí tomar un urbano para el centro de la ciudad. El urbano se llenó como sólo las líneas 2 y 3 del metro del DF en horas pico. Había Cervantino. En gran medida no tenía idea de qué era a lo que me estaba dirigiendo.
Al entrar a Guanajuato por la Facultad de Química y luego por Pastitos, mi noción de certidumbre se alteró por completo, supe de inmediato que algo se había roto y que no volvería a ser igual, una serendipia, un lucky-strike, un vacío en la continuidad del tiempo... Guanajuato de noche con sus múltiples luces encendidas en tan accidentado relieve... Tiempo después supe que a todos nos había impactado así Guanajuato en la primer visita... Es la ciudad a donde regresa siempre la mirada de los niños.
Era 1998. Tres años después ya estaría viviendo ahí, con todos los proyectos del tipo de gente que modifica sus rumbos sin mayor problema.
Toda clase de pasivos e inmóviles anécdotas sucedieron durante el tiempo que estuve ahí, en la universidad, en las plazas, en la tinta, en los cafés, en el fraccionamiento San Javier que es donde residí (para un citadino como yo, el hecho de vivir en una calle llamada Matavacas (¡donde varias veces vi vacas pastando!) con una pronunciada subida, detrás de un castillo (de Santa Cecilia) y a unos pocos pasos de un cerro oscuro y con varios cebúes, fue lo suficientemente redituable para tenerme hechizado varios años), incluso en algunas visitas al DF me gustaba presentarme en los bares del centro o de la Zona Rosa como guanajuatense de toda la vida al grado de imitar el acento local.
Hoy, veo a mi hija de 5 días durmiendo a mi lado, a mi novia observándola con esos ojos tan felices y tranquilos que en nada se parecen a los de esa otra ciudad: nuestra primer charla fue en el Paseo Madero acerca de los defectos que veíamos en Guanajuato, lo mucho que, sin percatarnos, echábamos de menos los grandes centros comerciales, las amplias banquetas, las inversiones térmicas y el surtido menú de estaciones de radio, Acapulco y el DF nunca estuvieron tan lejos realmente.
Hoy, ellas son el significado de aquel primer latido en el urbano del '98. Hoy, sé que aquello que no supe en aquel instante era esto: sentir sus respiraciones, seguir por la vida a través del conocimiento de ellas (hay tanto qué comunicarnos), amarlas a cada mañana porque sé que voy siendo mejor padre, novio e hijo que el día anterior.
Sé que estoy en el suspiro interminable. Escuchar Interludio de Mikel Erentxun o Qué no te daría yo de Alejandro Sanz no es en vano. Nada es en vano a estas alturas, nada lo fue ni lo será. El humo que despiden los cigarrillos se suspenden en el cielo y forman grupos de cirros. Una bocanada me saca una sonrisa, como la de la foto de Alain Summers en Embajadoras, como la que mi amigo Alejandro Palizada ha de estar haciendo en estos momentos en la facultad de filosofía, como aquella vez en que Claudia y yo estábamos borrachos en un bar del centro y entonces ella jugó a que fumaba, agarró un camel y lo fumó tan mal que por esas cosas me fui enamorando cada vez más de ella: fumaba mal porque no le interesaba hacerlo bien, se vestía discreto a pesar de tener un cuerpo tan bien torneado porque no le interesaba lucirlo a cualquiera, era callada en las clases porque al momento de los trabajos era cuando mejor hablaba, Guanajuato sí que me queda lejos ahora, realmente, evidentemente, literariamente, el Jardín Unión me hace extrañarla a veces, esa propia ciudad-luz de bolsillo, mi salto a la oscuridad, mi ciudad de la mirada que se reencuentra.
Callo la voz citándome a mí mismo en una carta que le mandé hace un tiempo a Nicolás Cabral: Pienso en Guanajuato como una especie de Naim irregular a la cual basta mirarla y cerrar los ojos para comprender, para caer de boca ante su encantador vacío, ante esa magia imperante que se corresponde entre ella y nosotros: no existe si no la escribimos, no se contempla si no la soñamos, no habla si no la paseamos, es la obsidiana perfecta, el más obvio jam-session para la arquitectura nacional. No es ciudad de bajas pasiones, mucho menos jinete que arriesga la vida, es tan solo la certeza de un territorio propio, unísono, fantástico -como el de la poesía-, todo ello por ser nuestra ciudad ajena, nuestro ardid, nuestra duna virgen. Nuestra isla. Nuestro París. Pero tu Guanajuato no tiene que ver con el mío, eso es seguro.
07 mayo 2005
Monólogo previo a la voz
palabra alguna fluctuando por los bordes de la isla.
La noche reposaba en mí:
a la sombra, mis ojos lucían honestos:
mi vista fija en el signo:
la noche iluminó el siguiente paisaje:
Verdeaba vereda el vocablo
velaba con vela a las balsas
que aún no viajaban con rumbo a la bajamar.
En el descenso de la senda
deseaba ser sabia la idea
como sólo sabe la sed hacerlo.
Apresada en la piedra
la práctica prendía prístinas pronmesas
la palabra abría el precio del presente.
Llevo ya tanto tiempo de no probar el presente
en lugar de ello hay vigilia
vigilia de náufrago
ese punto donde todo hombre ha de encontrarse
inmemorial y verdadero
previo a la voz
todos somos uno previo a la voz
habla escritura habla
mutismo idea mutismo.
La noche reposaba en mí:
a la par que el hombre prendía fuego en silencio:
Silencio, sí, y no ausencia.
Pesado pedazo pensado.
Previo a la voz
sólo el pensamiento
sólo una vuelta de tuerca al yo
without time without space
without you.
No puede haber presente sin palabra
sea acaso eso la rueda de los orígenes.
Así, en cada monólogo previo a la voz
seremos, de nuevo y siempre, en la isla.
19 abril 2005
El Lado A
(¿Qué clase de lucrativa correspondencia existe entre la escritura y el silencio?)
Nada llevo escrito de él, sólo algunas notas sueltas que no me servirán de mucho llegado el momento. Sin embargo, no cabe duda que éste es el mejor texto que he hecho, con todo y que resulte un completo e incuestionable mutismo conducido por ese encanto de lo ausente, de lo no físico, aunque siendo sincero, sí lo he hablado, mi mujer ha sido estoico testigo de las más exquisitas interpretaciones que ya he hecho de él, aunque aún posea una trama velada, tal vez inexistente, tal vez imposible, eso no importa, ya El Senario ha sido el hallazgo de un intersticio en el tiempo, la desapertura de la hoja blanca tallada en el recuerdo, la presencia del viscoso y preciso silencio.
(¿Qué tan correspondientemente lucrada la relación entre una y otra?)
Y sí, a mi mujer la he tenido al tanto de ese cuento que tal vez, sólo tal vez.
Y también, írselo hablando resulta ser una especie de publicación, de performance, de acto sensorial indudable (empiezo a contradecirme con lo escrito más arriba). Sus blancos oídos han sido la inapelable audiencia y el máximo cómplice. Éste es mi juego íntimo de la noche en vela en un café, con ella tomando alguna bebida dulce, con la Docta Explicación de mi cuento para terminar en casa jugando bibliomancias con los canales de TV mientras El Senario inicia sesión en alguna otra parte del tiempo, en alguna otra parte del humo nocturno que deriva rocío matinal, del vacío, en alguna otra instancia de lo físico silente.
(¿Qué el lucrativo mutis no existe sin sus correspondientes bitchy words words words?)
Sé: que de algún modo ha sido publicado ya, que de algún modo no es literatura aún.
El Lado B
Eladocé
Aquí el punto importante (y tan absurdo, y tan inútil) es la conciencia de lo placentero al momento de la planeación de un texto (lo placentero como identidad del hombre moderno). Ahí donde nada es aún literario y sí recuerdo en pleno está el verdadero centro, absoluto y complejo como el pensamiento humano, como el potencial humano.
Disfrutar ese desarrollo previo a la articulación de tanta idea suelta. tRansformar esas ideas sueltas en colectividad armoniosa. diSfrutar los instantes de transformación del escritor. disFrutar analizar al respecto de dicha estructura de dicho disfrute. leErpensarescribir, pEnsarescribirleer, Escribirpensarleer.
Todo es CENTRO para mí.
Par a mí.
Paramí.
Paramiense.
Pero principalmente soy un paramiense de pe a pa (Paramí, sobria nación de la extranjería, tierra seca del trópico, muy cerca de Estocolmo, parecida a Viena pero no). Paramiense con el suficiente tiempo libre y un espejo de bolsillo: Escritor mediocre, Cantante de ópera con tenis y playera de Suburbia, Fotógrafo de lo oscuro, Integrante del Senario que al tirar el dado cae siempre en 7. O en 0. El mejor jugador de la banca. La repetición insistente de un cielo nublado donde nada pasa. Donde nadan las pasas. El publicador que no se toma en serio. Ni a sí mismo. Y por ello. Y para todo ello.
18 abril 2005
De Otros Lados
31 marzo 2005
Una tarde un café
Luis Felipe Sz salió al quite diciendo que todo juego es precisamente eso: cosa-seria, y que era en ese rasgo conocido como actitud donde podía encontrarse una definición sustantiva. -Claro, un niño cuando juega, lo hace con toda la seriedad posible, solo que esa seriedad es flexible, lúdica, es un plástico con el cual el niño se divierte (estirar-defromar-soltar / estirar-deformar-soltar). Esto lo dije yo o tal vez otro, no lo recuerdo, aún así la cara de Alain me pareció inolvidable, asustada, retadora, indiferente.
La tarde caía. Sólo esperábamos a que Ana María y Claudia regresaran de comprar revistas de arquitectura en el Sanborns para irnos al departamento de Alain. Pero esa cara, tan llena de choque ante éstos mozalbetes que de algún modo continuaban su legado. Ese Alain que rechazó los tratados y le entró a la publicación constante: internet, revistas, charlas en los cafés universitarios y en los arrabales, con su cara afilada, tan inmediata, y ese gesto de duda, de admiración, de aburrimiento.
Alex Palizada salvó el momento (salvar de qué o de quiénes, en lo que a mi respecta me pareció un momento mágico, hermosamente humano, lejanamente gay) y dijo: Seguro que les sucede que hay sensaciones, o más en general: contacto (sensible) con la realidad, que les genera conocimiento en una manera tal que la razón no lo hace. Es cosa sabida: que ahí en esas yemas sobre los libros, en la retina impregnada de luz, en el sonido de autos que ahora cruzan la avenida Masaryk, en todo ello hay una aprehensión incorroborable como no sea el descentramiento. En cierto modo, que yo se los diga produce ese descentramiento, lo que, en otros términos, es develar algo en lo que no habían reparado... aunque no tenga la más mínima importancia. Alain rió un tanto nervioso, ¿entonces había logrado impactar tanto a éstos muchachos veinteañeros, mexicanos, estudiantes de letras, con esos textos que ni él mismo comprendía del todo? Sí, eran anacentristas, eso decía él, pero qué diantres significaba, qué pasaba de ese lado donde termina él y comienza el otro, en este caso, todos estos otros que éramos nosotros.
Yo no me quise quedar atrás con la agudeza vespertina, así que saqué un librito de ensayos de Mauricio Molina y bibliománcicamente leí: Mandala es un libro que hace preguntas sobre el amor, la ciudad, el tiempo, la realidad. Su virtud máxima consiste en que nunca las responde. Formular una buena pregunta suele ser más importante que contestarla. Su apuesta de apertura formal, su compleja imposibilidad de conclusión hacen de Mandala una novela de indagación y especulación. Se trata, en este sentido, de una novela de aprendizaje.
Creo, a riesgo de sonar engreído, que Alain Summerse se dio cuenta que las definiciones acerca del anacentrismo se dan a raudales, todo el tiempo, mucho más fácil de lo que él siempre creyó.
Por pensar en ello ya no escuché lo que Luis Felipe dijo acerca de Julieta Campos. Claudia y Ana María surgieron del cruce con Newton y se dirigían hacia el café con sus bolsas blancas de plástico y esas siluetas tan hermosas. La tarde terminaba de caer. Alain veía entrar a las muchachas. Yo veía a Alain. Anuar pensaba en un gato o una forma esférica. Alex se fue al baño y de paso pagó la cuenta a uno de los meseros.
27 marzo 2005
Acerca de Quodlimán
Con el siguiente texto propongo a los escritores de blog ENSAYAR sus propios textos. Cierto es que cada poema, cada relato, debe contener sus propias reglas para una interpretación que cada quien realice; que lo que no se dice dentro del poema no va a venir a decirse en su ensayo, sin embargo sí creo que compartir la interpretación del autor puede ser valioso, no como indicador de tips para una lectura determinada sino simplemente como charla de amigos en torno a un apropiado café, buena música, final de tarde, palabras.
Quodlimán es un poema del hombre que se busca a sí mismo, no importando si ése hombre es un marinero francés que ha encallado en Vigo, si se llama Bruce y juega al rugby, o incluso si es canciller de la isla de Pascua. Su búsqueda parece ser dejando de lado su identificación social. Su búsqueda se da porque ha sobrevivido a su nombre. Él mismo sabe que una pregunta bien formulada puede más que todas las respuestas, tiene más poder y dominio, la cree reveladora, por eso el dejo de inutilidad que acepta desde el principio (Ah, hombre inútil que sabe leer...) ante las formas de conocerse convencionales: los astros, la investigación científica, metafísica, enciclopédica, etérea, nada de eso le trae una verdadera utilidad, verdadera como contemporánea, o sea, una utilidad mercantil, una utilidad espiritual.
Sin embargo, en el encuentro con Taratuta, algo sucede que le deja todavía menos respuestas (Taratuta es un ingenuo de primera), aunque viéndolo bien, también parece que le da cierto sentido a su tristeza, la refuerza con una profunda satisfacción por la nostalgia del hombre, Taratuta le hace significar ese mood impreciso que se va gestando en Quodlimán, mood como de imperdible derrota, como de cambio de estructura para su clásica forma de búsqueda.
(Taratuta es una novelita medio desconocida de 1989 de José Donoso, en ella queda menos claro aún quién es este Taratuta, al parecer es un mozo español casado con una vieja adivinadora y el cual siempre recibió burlas por su apellido, con lo que vivió siempre en una honda desolación genealógica, de ahí que creyera siempre que eso que dan por llamar identidad y/o destino se daba con la génesis de su apellido. Pero a la vez Taratuta parece ser un bolchevique al servicio del partido y de la causa leniniana, lo mismo atractivo que regordete, lo mismo clandestino habilidoso que ausente de los registros rusos, aunque también todo parece ser la maraña mental del narrador que resulta ser un escritor hispanoamericano radicado en Santiago.)
El poema parecerá oscuro, pero oscura también es la conciencia del yo, del otro, de la unidad, de la centricidad o excentricidad que cada vida es, de la centricidad o excentricidad que todas juntas son, o somos, o semos. Es éste un poema donde se está cómodo con la ausencia de certezas, donde la identidad con lo diverso se festeja nostálgicamente, con una sonrisa en los labios que pronuncian las palabras: tal vez.
22 marzo 2005
Quodlimán
-¿Qué?
-Los nombres. Yelisavetgrad, por ejemplo.
-Sí. Mucho. En muchos sentidos.
José Donoso, Taratuta
Ah, hombre inútil
que lee las piedras esperando señales,
que lee a los átomos y lee al tiempo,
que se echa entera la enciclopedia del azar
y le pone mote a los puntitos brillantes de arriba,
lejos, muy cerca de aquí, nosotros, los nombrados.
Quodlimán, solías buscarte en la forma archisabida,
reflejo celeste,
consecuencia celeste,
desterrado celeste
o perpetuo celeste, Quodlimán,
nombre inútil,
nada te descubría,
sólo eras Quodlimán.
Pilares, pilares del hombre.
El agua a mitad de la roca,
el fuego implotado del viento.
Lee bien lo que te digo:
la razón ritmea, sí,
siempre en lo más invisible.
Pero Taratuta, el inocente,
el que sería capaz de cruzar mar y cielo,
el que alzaría al horizonte mismo como a la tapa del water,
en busca del encuentro, la identidad,
ese inocente de inocencia, de no culpable,
ese pretexto literario para hablar de los temas inagotables,
se acercó a ti y te dijo:
Yo soy Horacio Carlos Taratuta Roserman, personaje de José Donoso, mi abuelo fue un héroe soviético, una novela lleva mi nombre. Soy yo Taratuta.
notaste entonces el poder de nombrar y ser nombrado,
su dicha pasajera,
el misterioso camino oculto en ello.
Le habrás respondido o no, Quodlimán,
eso es algo que sobrepasa mis límites de tejedor de encuentros,
sólo sé que te veías triste
y que nada en el mundo te haría ir a Beirut o Sofía,
al registro civil,
a Buenos Aires o Málaga,
en busca del encuentro, la identidad, el horizonte,
la tapa del water divide al fuera del dentro,
la tapa del water es una lamentable metáfora.
Si tan solo le hubieras dicho:
Ah, hombre inútil hombre,
que lee a los sentidos,
que lee sus propios nombres inventados,
metafísica-movimiento-circularidad-
literatura-alma-humanidad-
inútil, incierto, incendiario, Quodlimán,
en vez de eso, sólo te me escapas del recuerdo,
tu imagen, como a ti, se evapora al momento de la respuesta.
La Pasión del Poeta
Dicen que la escritura (ese desdén humano ante lo convenido) acecha siempre a aquella sombra que promete juguetona detrás de la palabra (esa bonita herramienta tan perfumada y elegante, con talco en el culo), le avienta un lazo cual vaquero de Marlboro pero falla, le dispara como sheriff del mismo pueblo y no le atina, le echa los cuernos a la cara como una vaquilla loca y paf, ésta a su vez se vuelve un torero andaluz que alzarán en hombros.
También dicen que la escritura propicia el acercamiento o la lejanía, el alumbramiento o el retraimiento, que devela, revela, oscurece. Que es bonita, pues (tan bueno que cae siempre un poema de amor en una noche llena de estrellas).
Mientras tanto el poeta, resignado, ve el espectáculo un domingo cualquiera desde un palco de la plaza y lo admite: su célebre OH tal vez ha sido y será siempre abreviatura de un lastimoso y tierno OUCH.
16 marzo 2005
Pensamiento oculto de un ciego frente a un cuadro de Van Gogh
Ah, imagen trémula
trémula de vibraciones.
Tú, apareces
como aparece la tardanza en el tiempo,
muñeco invisible
con los hilos muy dentro del silencio oscuro.
Dentro grito,
dentro ademán de un hombre trazando un Dios,
trazándose Dios,
entre ellos y yo no debe haber diferencia alguna.
Sea absoluta esta mira:
algo ahí es, que soy yo, y que me existe,
que me vibra,
que estalla.
y Existe
aunque jamás el amarillo conozca
(te conozco, amarillo (y naranja y cian)
y conozco tu imagen, pintura
Real el aire frío
que mueve la flor del jarrón
Real el beso
perpetuo de mis párpados matriz
y yo y el otro Real
reSignación
Conocimiento
04 marzo 2005
18 al segundo (viejo cine)
2. EL ANÁLISIS EXACERBADO: De chico me repetían que me tomaba la vida muy en serio, que pensaba mucho las cosas. Tiempo después intenté la visceralidad-conciente, el ser espontáneo y tomar desiciones sin pensar, fue mi época más aburrida.
3. LA PANZA DE MI MUJER: Cada jueves voy con ella a un curso de profilaxis organizado por la ANIPP, momento que, aún sin buscarlo, desata lo mejor de mis emociones. Qué maravillosa resulta esta clase de investigación, lo que sucede en el desarrollo del útero durante el embarazo es mucho más simbólico y estético que todo el cine nacional moderno junto (salvo Bajo California). Esperamos a nuestro hijo para finales de Abril.
4. LA LITERATURA: Donoso, Bolaño, Borges, Gorostiza, Salinas, Tablada, Elizondo, Millás, Summers, Vila-Matas, Bellatín, Cortázar... risas, respeto y resonancias. (rumbas y rémoras, incluso)
5. LOS SEGUROS: Contratos de mutua responsabilidad (tip: sin duda alguna, GNP es la de mejor servicio, tanto a su fuerza productora y laboral, como a sus clientes).
6. LA CIUDAD: La maldita irrumpe, tapa el sol, hermosa se alza como el agua a una nube, atestigua impasiblemente, no desde fuera de la ventana ni desde dentro, sino como la ventana misma. Y sin embargo, y debido a todo ello.
7. EL CAFÉ: Música líquida. Erotismo de verdad.
8. LOS CENTROS COMERCIALES: Ágoras de pacotilla modernos... reunámonos al punto de escaparate – sharon y sara llevan carro – zara no es vara – lo mejor son los mezcla-arriba y los discos torre – en plaza bahía hay una tienda donde hay camisas de manga corta tipo new wave de mil pesos – en +kota luego se andan muriendo los animales – ah, pero esos cinezotes – y esas viejas – y el pasareleo constante – la ropa interior de los maniquíes con desatinadas frases provocativas – las tristes tallas cero – quiero un cono de maconals, anda, vamos – y yo insisto, quarry debería llamarse guarry – qué le llevo al beibe – los cafés más raros se dan ahí – sears se pronuncia si’rs Todos nos volvemos un aparador. Tal vez se comienza a modelar una nueva naturaleza humana.
9. EL ANACENTRISMO:
10. EL JAZZ Y EL CIGARRO: Como meras imágenes chafas y virulentas de la clase de hombre que nunca he podido ser.
11. LA LECTURA: Cerca de mi nueva casa hay un terreno viejo y bardeado al que me gustaba ir saliendo de la preparatoria, alguna vez me fui de pinta sólo a comprar un disco de Bowie para luego ponerme a leer El Lobo Estepario enfrente de él (preparatoriano aburrido ávido de clichés a fin de cuentas). En su momento tal terreno comunicaba, ahora comunica algo distino, así como los recuerdos, así como Hesse, así como los paseos: la mejor forma de entrar en una comunicación ineludible.
12. LA INTUICIÓN: Pero no un análisis exacerbadamente racional, sólo exacerbado, todo es cuestionable, todo es relativo, todo es centro, todo es ilusión, pero de algún modo sé cuál es la frase siguiente, qué clase de negocio propio es por el que tengo que luchar, qué tan bien sustentadas están las desiciones tomadas, llámense Claudia, llámense Adriano, llámense Portales, administración, consumo.
13. LA MELANCOLÍA: La presencia del hombre distante y encorvado, lejos, muy lejos de todo aquello fuera de él y que sin embargo también es él mismo.
14. LA POCA GENTE A MI ALREDEDOR: Links links links links links links links links.
15. LA FOTOGRAFÍA: Casi nunca una cámara lista aguardando en la mochila del viaje diario, pocas fotos disponibles, cero portafolios, y sin embargo fotógrafo, dado al buen encuadre, claro, a los juegos de líneas y de profundidad y esas cosas tan vistas, eso sí, jamás al mexicanísimo maguey o al cáctus sabio, mucho menos a la vendedora llena de arrugas de las calles de Mesones o 16 de Septiembre (o Juárez, más fácil), de la plancha del Zócalo, pero sí, y siempre, al hechizo habitual, la imagen condensando los recovecos de la belleza diaria, ya pondré ejemplos, alisten sus altares.
16. LOS ANTEOJOS: Sin ellos no veo nada.
17. LA COMIDA: El pan, la pasta, la cantonesa, la comida extraña, sé que no estoy subiendo tanto de peso como debería, sé que éste año es el año del gallo (yo soy gallo) y que por ende es buena época de emprendimientos y realidades, sé que después de estar con mi mujer todo el día me dan muchas ganas de disfrutar lo que ceno, sé que el chiste de estar aquí, respirando, consumiendo, reaccionando, es tan llano como decir “estar felices”, no sé por qué se empeñan algunos en quitarle esa simpleza a la vida, la comida me ha recordado últimamente que soy un tipo feliz, espero que a mi mujer le guste también mi panza.
18. LOS INTERSTICIOS: Implotemos todos hacia la génesis del instante.